Mientras tu hija come, duerme y va al colegio con normalidad, una deficiencia silenciosa de zinc puede estar bloqueando el proceso celular que hace posible que sus huesos crezcan cada día.
Poco apetito, cansancio fácil, crecer más despacio que sus compañeras. Estos son síntomas que muchas madres ignoran porque parecen normales, pero en muchos casos tienen una causa nutricional concreta.
Cuando se corrige esta deficiencia a tiempo, muchas niñas retoman un ritmo de crecimiento más acorde con su potencial genético real.